Certamente!

Paulo Querido. Na Internet desde 1989

10 de janeiro de 2012

O suicídio do jornal diário

David Jiménez, correspondente do El Mundo na Ásia, tem um artigo excelente no seu blog pessoal. Intitulado El suicídio del periódico, lista alguns dos erros crassos em que os jornalistas continuam a laborar. É um artigo a dar nas escolas de jornalismo. Por favor.

Mas não só. Alguns editores teriam imenso a ganhar lendo e refletindo. A lógica que preside às escolhas dos destaques é sobretudo uma lógica concorrencial e circular — uma armadilha em que se cai facilmente por causa da rotina. Tais escolhas parecem lógicas à primeira vista, mas não o são mal aprofundamos. Jiménez dá exemplos.

Alguns excertos:

Dejar de dar las noticias de ayer.

La culpa es de la crisis. De los anunciantes. De internet. Del lector, que se resiste a pagar. La culpa es de cualquiera menos nuestra o del producto que hacemos. Si un restaurante deja de tener clientes, se entiende que la comida o el servicio han dejado de ser buenos. Si los periódicos perdemos lectores, el problema es que nuestros clientes son unos tacaños. ¿Es posible que no les estemos dando un producto por el que crean que merece la pena rascarse el bolsillo? ¿Que mientras nos dedicábamos a analizar, valorar y criticar el trabajo de los demás (políticos, deportistas, actores…), descuidáramos hacer lo mismo con quienes teníamos más cerca, nosotros mismos?

Un corresponsal, en Pinto o Kabul, sabe que es probable que la noticia del día ocupe la portada a la mañana siguiente, aunque haya sido repetida mil veces por las agencias y recogida por la web de su medio. Si por el contrario envía un reportaje intemporal y no atado a la actualidad, no importa lo bueno o exclusivo que sea, sus posibilidades de ser destacado se reducen. A cero, si los mismos políticos de siempre se dijeron algo más zafio que de costumbre el día anterior.

El resultado lo pueden comprobar tomándose un café frente a un quiosco. Es difícil ver a un menor de 45 acercarse siquiera. Los periódicos han sido arrinconados por los productos promocionales que los acompañan.